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Mucho se había comentado en las semanas previas  a este lanzamiento sobre acerca de lo que los Atlanta Hawks y Adidas tenían preparado para este año. Por empezar, un rediseño integral del nombre y de la imagen. Ahora, una colección de uniformes que rompen con casi todo lo conocido en la estética de la NBA.

Sucede que, pese a que la NBA se caracteriza por su habilidad para comercializar hasta lo inimaginable, el gusto de los aficionados en lo que a uniformes se refiere es muy conservador. Seguro, abundan los colores brillantes y los logos llamativos, pero el medio en general es muy reacio a los cambios drásticos. Como ejemplo, baste recordar la resistencia que generan entre los consumidores las camisetas de juego con mangas que Adidas ha querido imponer en las últimas temporadas.

Pese a todo, Adidas seguramente querrá aprovechar sus últimos años en la NBA antes del ingreso de Nike y junta a los Hawks se decidieron a sacudir el ambiente.

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El aspecto más polémico es la utilización de un color muy en boga: llámese verde flúo, eléctrico, volt o como fuere, las primeras y airadas quejas apuntan a que este color es apenas una moda pasajera y su inclusión en los uniformes es injustificado y antiestético.

Luego, nadie parece tener muy en claro a qué se debe la elección de un gris plomo como primer uniforme visitante. Si bien pueden rastrearse algunas referencias históricas de detalles verdes en viejos uniformes de los 70, el gris es un color absolutamente nuevo para el equipo. Y de seguro que despertará muchas resistencias.

A esta altura, el patrón que se observa en al tela de las tres camisetas y que imita el plumaje de un ave es casi una anécdota. Mientras en las redes sociales se siguen discutiendo estas innovaciones, sólo resta el veredicto que más cuenta: el de las cifras de venta.