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Los primeros pasos fueron ya hace mucho tiempo y muy tímidos: apenas algunos lanzamientos de botines en Inglaterra, a mediados de los 80.

Más recientemente, la idea fue tantear el terreno disimulada detrás de su marca subsidiaria Warrior. Pero este año se acabaron los recelos: New Balance ha puesto en práctica una decidida entrada al competitivo mercado del fútbol internacional.

Para ello prácticamente duplicó el anterior contrato de Warrior con el Liverpool FC, mantuvo al Sevilla, al Porto y al Stoke City y comenzó a sumar nuevos patrocinios por aquí y por allá: el Celtic FC y las selecciones de Costa Rica y Panamá, entre otras, mientras se esperan más novedades relevantes para los próximos meses.

La marca también decidió cambiar su política de no contar con patrocinios individuales, aunque sí se cuidó mucho al elegir el perfil de sus contratados. Así es que no habrá “chicos malos” en las filas de New Balance, que prefiere mantener su imagen de corrección y atractivo entre los hipsters. Por ello es que ha pensado en jugadores como Vincent Kompany y Marouane Fellaini, entre varios otros.

El objetivo a largo plazo de esta movida es aumentar la presencia y visibilidad de la marca en el mercado internacional. Los ejecutivos esperan así que las siempre vigentes líneas de running de New Balance se vuelvan más deseables para los consumidores masivos de fútbol.  De hecho, en New Balance se han puesto la vara muy alta: esperan duplicar sus ventas totales en los próximos cinco años, pasando de los actuales 3.000 millones de dólares a unos 6.000 millones.

Desde luego la meta se ve muy ambiciosa, pero es lo que se podría esperar para una firma como New Balance si quiere acercarse en algo a las marcas líderes como Nike (que factura anualmente 27.000 millones) o Adidas (que suma sus buenos 17.000 millones anuales).