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nike-adi-hfSi leyeron el libro Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas seguramente estarán al tanto del incomparable valor que tiene Hayward Field, el célebre estadio de atletismo de la Universidad de Oregon, en la historia privada de Nike. Es una suerte de santuario pagano, el lugar en donde todo empezó.

Baste decir que Phil Knight, uno de los fundadores de la empresa, por décadas su máxima autoridad y actualmente presidente del directorio y principal accionista, fue alumno de la universidad y miembro del célebre equipo de atletismo que dirigía Bill Bowerman, el otro de los fundadores y algo así como un guía técnico-espiritual de Nike.  De allí también surgieron los primeros empleados que buscaban hacerse de unos dólares vendiendo zapatillas sacadas del baúl de sus autos, y fue también Hayward Field el estadio que tantas veces se conmovió con las hazañas de Steve Prefontaine, el primer integrante del panteón de héroes de Nike. Antes que McEnroe, antes que Jordan, en los modestísimos primeros tiempos de la marca, cuando destronar a Adidas era una quimera.

Durante décadas en Nike se ocuparon de preservar el estadio y la pista de Hayward Field como un territorio propio con un generoso patrocinio a la Universidad de Oregon, sin dudas, la mejor manera de asegurarse que el logo del Swoosh presida siempre la cartelería del estadio y que todos los equipos de la casa de estudios -y no sólo el de atletismo- cuente con el material técnico de la marca.

Pero algo acaba de alterar el panorama en Hayward Field: nada menos que el Campeonato Mundial Juvenil de la IAFF, la organización que conduce el atletismo a nivel global. Pues bien, ¿cuál es una de las marcas que patrocina a la IAFF? Por supuesto: Adidas.  Lo cual implicó, desde luego que con todo el dolor del mundo para Nike, que el Swoosh debió ser temporalmente tapado para dejarle su lugar a las tres tiras.

Así y todo, por muy doloroso que sea, no es la primera vez que Adidas logra “mancillar” Hayward Field.  Sucedió también en 1982, cuando Adidas aprovechó un descuido de su rival y se ocupó especialmente de negociar con la Universidad de Oregon los derechos de la cartelería del tablero electrónico del estadio.  Aquello fue una suerte de represalia: apenas un año antes Nike le había arrebatado a la firma alemana el número 1 en ventas en el mercado de Estados Unidos, el más importante del mundo.  La interminable guerra entre las marcas tuvo así uno de sus primeros capítulos.