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Las excusas pueden ser muchas.  Desde la clásica “era joven, no sabía lo que hacía” hasta “los otros me tratan mejor”, pasando por “necesitaba el dinero”.  Lo cierto es que muchos grandes deportistas que a lo largo de su carrera llegaron a identificarse muy fuertemente con una marca… no siempre le guardaron la fidelidad que esas marcas habrían querido.

Por ejemplo, es de imaginar que sería necesaria una verdadera catástrofe para que Adidas dejase escapar a Lionel Messi, desde hace algunos años, su máxima figura deportiva patrocinada.  No sólo es indudable que la marca alemana haría lo que fuere para retener al argentino, sino que además cada tanto se escuchan los rumores que indican que a Adidas no le causa ninguna gracia ver constantemente a Messi con la casaca del Barcelona y el logo de Nike, por lo que inmediatamente se especula con un hipotético pase al Bayern München.  O quizás al Chelsea…

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Y sin embargo, en los comienzos de su carrera, Messi era un hombre del Swoosh.  Ya en 2002 había firmado su primer acuerdo con Nike.  Las cifras tampoco eran una locura, apenas 6.000 euros por dos temporadas, pero no estaba mal para un niño de 15 años. En 2004 comenzaron las negociaciones para renovar el contrato, pero el error de Messi fue firmar un precontrato en mayo. Poco después ganó la Copa Mundial de fútbol juvenil, fue botín de oro y balón de oro como mejor jugador. Fue la explosión de Messi y Adidas le ofreció una cifra mucho más alta. Se habló de 600.000 euros, tres veces más que la oferta de Nike. Ya sabemos qué ocurrió entonces: Messi aceptó llevar tres franjas. Nike contraatacó en los tribunales y pidió a Messi una indemnización de 5 millones de euros. Finalmente, en 2007 un juez le dio la razón a Messi al entender que el acuerdo firmado con Nike sólo era una declaración de intenciones para seguir negociando y no un contrato en sí. En cualquier caso, siempre quedan las fotos de aquella campaña Joga Bonito de Messi con Nike, en la que también aparecía Cristiano Ronaldo.

Otro ejemplo notable es el de Björn Borg.  El tenista sueco marcó toda una época del tenis entre los años 70 y 80.  Su talento y frialdad para resolver las situaciones más complejas en un court, su rivalidad -deportiva y dialéctica- con figuras de la talla de Jimmy Connors o John McEnroe y ni que hablar de sus impresionantes récords en canchas lentas lo convirtieron en uno de los más grandes tenistas de la historia.

Y como si todo esto fuera poco, Borg también marcó una época de la moda deportiva.  La indumentaria diseñada y provista por Fila y el calzado de Diadora se convirtieron en verdaderos clásicos de la época, lo cual explica buena parte del auge de estas y otras marcas italianas desde mediados de los años 70.  Nunca como en esta época sus artículos fueron tan buscados y deseados por los consumidores.

Y sin embargo, el bueno de Borg no siempre lució las clásicas chombas color crema con finas rayitas verticales y las eternas camperitas con el logo de Fila personalizado.  En su primera época el sueco fue un hombre de Adidas.

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De la relación de Johan Cruyff con Puma ya se ha dicho prácticamente todo.  La historia de su camiseta del seleccionado de Holanda sin el logo de Adidas y con sólo dos tiras en las mangas se repite hasta en los jardines de infantes.  Sin embargo, aquellos que suelen conmoverse por la fidelidad de Cruyff a Puma no suelen estar al tanto de que, al menos en sus inicios, la relación entre el hábil futbolista y la marca del felino fue extremadamente difícil.  El primer contrato entre ambos se cerró en 1967, cuando el jugador tenía apenas 20 años y su madre debió firmar por él ya que era menor de edad.  El monto del acuerdo era de apenas 420 dólares, una cifra exigua aunque no tanto de acuerdo al mercado de aquellos años.

El problema era que Cruyff era un joven un tanto rebelde y no quería respetar el contrato con Puma.  Se quejaba de constantes dolores debidos a que, según él, las botas Puma no se adaptaban a la forma de sus pies.  No era raro entonces verlo jugar o entrenarse con calzado con las tres tiras.  Hasta se lo pudo ver como en la foto de abajo, autografiando libros con un botín de Adidas en su escritorio.  Puma buscó todas las maneras posibles de complacerlo hasta que la paciencia de sus gerentes se colmó y decidieron llevar el caso a los tribunales.  Una vez que Cruyff aceptó los términos de su relación con Puma y que la marca le aumentó considerablemente las cifras de su contrato, entonces sí, el genial conductor de la Naranja Mecánica se convirtió en un cruzado de la marca alemana.

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Otro caso notable es el del carilindo David Beckham.  Imposible dejar de asociar su imagen a la de Adidas, incluso si a su mujer se le ocurre bautizar a uno de sus hijos como Jordan o si ella se muere por calzar zapatillas Nike Air Max.  Pero todos recordamos haber visto al inglés siempre con botines Adidas, que acertó un pleno al cederle una de las primeras versiones de los Predator. En 1996, en su primer partido con ellos marcó un gol desde su propio campo.  Aquellos Predator estaban personalizados, tenían bordado un nombre en la lengüeta, pero no era el suyo sino el de Charlie Miller. Después de todo, Beckham era un recién llegado a Aadidas: apenas una semana antes había jugado con botines Nike Tiempo.  Sólo aceptó firmar con Adidas cuando los negociadores de la marca alemana le adelantaron el dinero para que pudiera comprarse un coche.

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Para cerrar, un par de curiosidades sobre el mejor basquetbolista de la historia: Michael Jordan, desde ya.  La relación que llegó a forjar con Nike no tiene punto de comparación con nada anterior ni posterior.  La simbiosis que se produjo entre el deportista y la marca revolucionó para siempre la manera de entender los patrocinios deportivos y explica, al menos en parte, cómo se las ingenió Nike para llegar a la cima del mercado para nunca más bajarse de allí.

Pero también es sabido que en sus años de universitario Jordan tenía una marca preferida: Adidas.  Es más: al momento de convertirse en profesional y firmar su primer contrato con una marca, el joven Michael hizo lo imposible por firmar con la marca alemana antes de convencerse, muy a regañadientes, de que la propuesta de Nike era infinitamente mejor.  Lo que sucedió luego ya es una historia más que conocida.

Así y todo, quedan los testimonios gráficos de cuando un juvenil Michael Jordan tuvo en sus pies una marca inesperada.  Lo vemos aquí con las zapatillas que Converse le entregaba a la Universidad de North Carolina personalizada con sus colores, y también con calzado Adidas en un seleccionado de menores de su país.

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