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adi-rudiLas marcas deportivas compiten, se pelean, se demandan judicialmente, confrontan y se odian.  Y sus dueños, ejecutivos y empleados, también.  Y llega un momento en que el odio y la competencia son tan fuertes que al otro, al rival, ni siquiera se lo puede nombrar.  Veamos algunos casos.

Todos sabemos ya que Adidas y Puma nacieron a causa de una larga enemistad entre los hermanos Adi y Rudolf Dassler.  Naturalmente, el odio que sentían el uno por el otro se extendió a sus respectivas marcas y provocó que todos aquellos que se relacionaran con ellos debieran observar ciertas reglas.  Por ejemplo, nadie en las oficinas de Puma podía llamar a Adidas por su nombre.  Eran, simplemente, “los innombrables”.  Del otro lado de la trinchera Adi Dassler no era tan taxativo, pero siempre era mejor que le ahorraran la referencia a la marca de su hermano.  “No digas ese nombre, a mi perro la da alergia”, le indicó cierta vez a un postulante a un trabajo en Adidas que no pudo evitar referirse a Puma por su nombre.  No está claro si el perro de marras, presente en la entrevista, estornudó o no.

Peor se lo solía tomar Käthe Dassler, esposa de Adi y férrea administradora de Adidas durante décadas.  El odio que sentía por su cuñado Rudolf superaba en intensidad al de su marido.  Ella no tenía inconvenientes en nombrar a la marca Puma, pero lo hacía con desprecio porque sabía que aquel era el apodo de juventud de su fundador.  Nunca llamaba a su cuñado por su nombre, sino que se refería a él como “ese viejo puma”.

Ya bien entrados los años 90, cuando las venerables marcas alemanas eran arrasadas por Nike, Reebok y otras nuevas marcas americanas, en las oficinas de Puma aún mantenían la costumbre de referirse a Adidas como “los innombrables”, incluso pese a que hacía varios años que ningún miembro de la familia Dassler conservaba relación con ninguna de las dos empresas.  Jochen Zeitz, por entonces un joven gerente de marketing que más tarde tendría un rol crucial en el renacimiento de Puma, decidió terminar con esta costumbre que a él le resultaba una verdadera estupidez.  Dirigió entonces una nota a todos sus empleados en la que se explicaba que, desde aquel día, a la empresa competidora de la misma ciudad se la empezaría a llamar “Adidas”.

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Por su parte, Phil Knight, cofundador y por muchos años CEO de Nike, nunca tuvo inconvenientes en nombrar a sus competidores.  Y mucho menos, en manifestar a los cuatro vientos cuánto los odiaba.  En sus modestos comienzos tenía una idea fija: vender más zapatillas que Adidas, la marca que más admiraba y a la vez odiaba en el mundo.  En cierta reunión con su fuerza de ventas celebrada a fines de los años 70, cuando la por entonces joven empresa crecía a pasos agigantados pese al desdén con que era observada por las marcas más tradicionales, no tuvo ningún pudor en arengar a los gritos a la concurrencia con la siguiente delicadeza: “Adidas es Blancanieves.  Nosotros somos el enano más grande.  Y este año la vamos a poner en bolas”.

En cambio, desde mediados de los 80 y a principios de los 90, si alguien se proponía sacar de sus casillas al mandamás de Nike, bastaba con nombrarle a Paul Fireman, el empresario que había transformado a la modesta filial americana de Reebok en la marca deportiva número 1 del mundo en apenas unos pocos años.  Nike finalmente recuperó el primer lugar del mercado, pero, durante los largos años de feroz competencia con Reebok, Phil Knight no se privó nunca de ventilar -incluso ante la prensa- lo mucho que lo odiaba a Fireman.  Las cosas cambiaron un poco luego de un fortuito encuentro cara a cara durante la disputa de un torneo de Wimbledon en el All England.  Nike y Reebok continuaron peleándose como perro y gato, pero Knight dejó de tomárselo como algo tan personal.

Más recientemente, Kevin Plank, el joven fundador de Under Armour, también decidió jugar a ser el David que molesta a Goliath.  Durante los primeros años al frente de su empresa, que no era más que un modestísimo emprendimiento, solía mandarle cada fin de año una tarjeta de Navidad a Phil Knight, advirtiéndole que su marca iba “a por él”, como dirían en España.  Difícil es saber si Knight recibió aquellas tarjetas y qué hizo con ellas, pero lo cierto es que Plank ya no es tan amable con él.  En la actualidad, Under Armour es una exitosísima empresa que crece a pasos agigantados y, si bien todavía está muy lejos de acercarse a Nike, ha logrado establecerse con mucha fuerza en su país de origen.  Pues bien, como decíamos, Plank ya no le manda tarjetas de Navidad a Phil Knight.  Es más, ahora ni siquiera llama a Nike por su nombre.  Les dice “the guys out West”, es decir, “los tipos de allá al oeste”.

Volviendo a donde comenzó esta nota, por el lado de Herzogenaurach, si no reina la armonía al menos sí lo hace la paz.  Las viejas marcas rivales por supuesto que continúan compitiendo, pero ya no hay tanta animosidad personal entre ellas.  Es más, Adidas y Puma han llegado a promover eventos benéficos conjuntos en los que incluso han disputado partidos de futbol amistosos entre sus empleados.  Eso sí, para evitar herir susceptibilidades, optaron por jugar con indumentaria con los logos de ambas marcas. ¿Que quién se hizo cargo de los diseños?  Muy buena pregunta…