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Hasta hace unos pocos años, un observador atento podía fijarse en la indumentaria de los jugadores en cualquier torneo del circuito profesional de tenis tomado y no encontraría muchos logos distintos bordados en ella.  El Swoosh de Nike aparecía en las estelares siluetas de Roger Federer, Rafael Nadal, Juan Martín Del Potro, Maria Sharapova y Serena Williams.  Las tres tiras de Adidas podían verse en los atuendos de Andy Murray, Jo-Wilfried Tsonga y Caroline Wozniacki.  David Ferrer y Agnieszka Radwanska mostraban su opción por la italiana Lotto.  Pero desde entonces ha aparecido un nada desdeñable número de etiquetas nuevas en los courts.  Algunas de ellas son reconocidas marcas deportivas al estilo tradicional, pero otras parecen ser la vanguardia de una avanzada inédita: las marcas de fast fashion como Uniqlo y H&M.

El serbio Novak Djokovic fue el primero que se animó a romper el molde.  En un principio, al dejar a la poderosa Adidas por la reemergente Sergio Tacchini en un acuerdo que terminó volviéndose un abrazo del oso.  La marca italiana -gestionada ahora por capitalistas hongkoneses- no pudo seguirle el ritmo de los pagos a la triunfal racha que llevó a Nole a la cima del ranking.  Pero a mediados de 2012, cuando el serbio se decidió a buscar a un nuevo patrocinador técnico, sorprendió nuevamente al mercado al firmar con la marca japonesa de fast fashion Uniqlo, más habituada a competir con Zara o H&M que a desempeñarse en el segmento de la alta competencia deportiva.

El acuerdo le sirvió a Uniqlo para darle un renovado impulso a su afán de conquista de nuevos mercados.  La constante presencia en los medios globales del carismático tenista serbio le ha servido para cobrar una notoriedad impensada hasta no hace mucho.  Si bien los números finales del acuerdo comercial entre Uniqlo y Djokovic no fueron confirmados oficialmente, podría decirse que hasta el momento la relación entre ambos ha resultado armoniosa.  Las tiendas de la marca le garantizan a los consumidores toda la indumentaria oficial de Nole que quieran comprar, mientras que el serbio siguió ganando torneos de Grand Slam y sus frecuentes humoradas no han provocado ningún escándalo, algo que quizás pudo haber inquietado a los siempre circunspectos japoneses.  Del mismo modo, Djokovic se ha mostrado complacido de poder participar en el diseño de su propia indumentaria y no ha encontrado objeciones de parte de Uniqlo para que pudiese gestionar un nuevo contrato con Adidas únicamente por el calzado.

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Pero claro que la mejor prueba del éxito del acuerdo entre Djokovic y Uniqlo reside en sus imitadores.  Apenas seis meses después de que las partes estrecharan sus manos, la marca sueca H&M anunció el lanzamiento de su primera colección de indumentaria para tenis y el patrocinio al checo Tomas Berdych, apenas unas semanas antes de reafirmar su entrada al segmento deportivo con el patrocinio a todas las divisiones del equipo olímpico de Suecia.   E inmediatamente después aparecieron nuevos jugadores.  La revitalizada marca New Balance, habitualmente dedicada al calzado y con poca presencia en los percheros, le ofreció un millón de dólares anuales al joven canadiense Milos Raonic, mientras que la cada vez más poderosa Under Armour firmó por cuatro temporadas con la no menos joven y ascendente Sloane Stephens.

Estos últimos dos casos resultan particularmente interesantes, ya que las marcas intentarán perfilar a sus nuevas estrellas como los herederos de una nueva era en la que ya no estarán ni Federer ni Williams, los grandes referentes de comienzos del siglo XXI.  Claro que tanto Raonic como Stephens deberán refrendar con resultados deportivos concretos las esperanzas que sus patrocinadores han puesto en ellos.  Sólo así se podrá afirmar sin dudas que New Balance y Under Armour concretaron un gran negocio: apostar por una estrella en formación es mucho más barato que hacerlo por un consagrado como Djokovic, pero desde luego que mucho más incierto, también.

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En este sentido, es indudable que los patrocinios en el tenis suelen ser mucho más riesgosos que en otros deportes, particularmente los de equipos.  En un deporte tan individualista y desgastante mentalmente, el éxito o el fracaso de una apuesta comercial depende de una única persona, con todo lo que ello implica.  Un bajón anímico, distracciones extra-deportivas o una lesión delicada pueden ser verdaderamente ruinosas.  Pero, al mismo tiempo, las marcas deportivas disfrutan de otras ventajas.  La exigente normativa de los circuitos profesionales hace que los logos de las marcas tengan a su servicio prácticamente la totalidad del espacio disponible en la indumentaria.  Asimismo, el estilo caballeroso de jugadores como Federer y Nadal parece haber contagiado al resto, por lo que resulta muy raro encontrarse con los bochornosos espectáculos de otras épocas (McEnroe, Connors y tantos otros…).

Los analistas de la industria estiman que Uniqlo, H&M y otras marcas de fast fashion cuentan con buenas oportunidades para erosionar la base del mercado de Nike y Adidas, aunque es obvio que no les resultará barato.  Sin ir más lejos, Nike extendió en 2010 por otros ocho años su relación con Maria Sharapova por un total de 70 millones de dólares, por lo que no caben dudas de que el ingreso de nuevos actores impactará a la suba en los futuros contratos.  No caben dudas entonces de que las estrellas emergentes como Raonic o Stephens tendrán más motivos para triunfar en sus carreras.

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