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La columna sobre fútbol y negocios de arteysport.com en MuyFútbol.com es de rigurosa actualidad: analiza las peleas entre los más poderosos equipos europeos, la UEFA y la FIFA.  Por supuesto, hay mucho dinero en juego y cuestiones políticas en el medio.

Karl-Heinz Rummenigge quizás no necesite presentación para quienes lo vimos jugar brillantemente en las canchas del mundo, pero su ocupación actual es muy distinta y quizás todavía más relevante para el fútbol mundial: es el presidente del Bayern München y también de la Asociación Europea de Clubes (ECA, por sus siglas en inglés).

Pues bien, Rummenigge parece estar harto de la FIFA.  O, al menos, de Joseph Blatter.  No porque le caiga mal en lo personal, desde luego, sino por dos motivos principales.  El primero es una cuestión institucional: si bien la FIFA soporta desde hace décadas una seguidilla de denuncias de corrupción, lo sucedido en los últimos años supera ya en demasía lo que puede tolerar cualquier sistema.  Ya no son los periodistas los que chillan acerca de los vergonzosos escándalos detrás de la última reelección de Blatter como presidente de la FIFA y de las no menos sospechosas designaciones de Rusia y Catar como sedes de los Mundiales 2018 y 2022, respectivamente.  Ahora son los sponsors los que se quejan.  Ninguna corporación desea ser percibida por los consumidores como la financista de una organización -la FIFA- que recuerda cada día más a la mafia. Y sin el dinero de Coca Cola, McDonald´s, Visa y demás corporaciones, el negocio no funciona.

El segundo motivo es más concreto.  Los docientos clubes europeos más poderosos nucleados en la ECA están cansados de las competencias que los obligan a ceder a los distintos seleccionados nacionales a todos los jugadores extranjeros -muchos de ellos sudamericanos y africanos- a los que los clubes les pagan sueldos millonarios.  La ECA sostiene que son los clubes quienes comprometen sus finanzas para que sus estrellas se puedan comprar autos de lujo y remeras de Armani Exchange, y a la vez deben correr con los riesgos económicos que implica la participación de los jugadores en la larga serie de fechas FIFA.  No sólo se trata de esos extraños amistosos de entresemana jugados en exóticos lugares del mundo (¿Argentina-Nigeria en Bangladesh?), sino que además debe considerarse la interminable sucesión de partidos de la eliminatoria mundialista de la Conmembol (única en el mundo que se juega con el sistema de liga), la Copa América, las distintas eliminatorias africanas y la propia Copa Africana de Naciones (que se juega cada dos años en plena competencia europea).

En definitiva, lo que la ECA plantea es sencillo: nosotros pagamos los pases, los contratos, los sueldos y los seguros de los jugadores, mientras que los impresentables dirigentes del fútbol del tercer mundo -los mismos que votan por aclamación una y otra vez a Blatter, como en el pasado lo hicieron por Havelange- se siguen llenando los bolsillos a costa nuestra.  No es otra cosa que la actualización del viejo clásico Rous-Havelange, o Havelange-Johansson por el control de la FIFA, organización que ha se ha peleado constantemente con la UEFA por estas cuestiones.  Pero sucede que, desde que la preside Rummenigge,los clubes de la ECA se han mostrado mucho más agresivos que la propia UEFA, y han vuelto a reflotar la vieja amenaza de crear una súper liga europea por fuera de la UEFA Champions League.

En julio del año pasado, un furibundo Rummenigge llegó a pedirle públicamente la renuncia a Joseph Blatter, a la vez que amenazó con encabezar una “revolución” de los clubes europeos contra la FIFA.  El lunes último, dos días antes de una reunión crucial en Zúrich con autoridades de la FIFA, Rummenigge volvió a arremeter contra Blatter y también contra Michel Platini, presidente de la UEFA.  Sus declaraciones fueron casi tan contundentes como hace seis meses, aunque no volvió a cuestionar la legitimidad de la presidencia de Blatter. “La imagen de la FIFA es un desastre.  Si Blatter y Platini quieren convencer al mundo de que van a cambiar algo, que lo hagan de una vez.  Tengo la impresión de que ellos sólo cuidan a las federaciones nacionales.  Lo entiendo porque ellos les deben sus cargos, después de todo, pero es hora de reconocer también a los clubes”, declaró el alemán.  Y agregó luego: “Los rumores de corrupción persisten.  Cualquier club o empresa colapsaría si tuviese que enfrentar una situación así.  Tendríamos que refundar la FIFA, una suerte de FIFA 2.0.  Sus directivos deben reconocer que nada funcionaría sin los clubes”.

Así las cosas, los popes de la FIFA y de la ECA se reunieron el miércoles pasado, y el panorama parece haberse tranquilizado un poco.  Si bien todavía se está muy lejos de alcanzar un acuerdo acerca de los calendarios internacionales, al menos se habría avanzado algo en lo atinente a seguros y compensaciones.

De todos modos, todo esto no sería más que un aperitivo para la “batalla final”, que será en 2014.  Ese año vence el memorandum de entendimiento entre la FIFA y los clubes de Europa, el acuerdo que regula las cesiones de jugadores a los seleccionados nacionales.  Rummenigge ya ha adelantado que respetará el reglamento vigente hasta la fecha estipulada, pero que sólo se sentará a negociar su renovación si para entonces la FIFA “alcanza parámetros satisfactorios de transparencia, democracia y gobernancia”.  Una presión nada menor justo para cuando a Blatter le quede muy poco tiempo de su último mandato.  Es que nadie cree hoy que el suizo pueda ser reelecto una vez más.  En realidad, la competencia por la sucesión ya comenzó.  Y es muy cruel…