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Mi columna en el sitio MuyFútbol.com de esta semana salió ayer domingo y está dedicada a la historia de un trío de visionarios que cambiaron el negocio del fútbol para siempre.  Empieza así:

No, no vamos a hablar de Maradona, Pelé y Distéfano.  Tampoco de Messi, Cruyff y Zidane.  Los tres  hombres de los que vamos a hablar jamás jugaron un partido oficial.  A uno de ellos ni siquiera le interesaba el fútbol.  Pero estos tres ilustres desconocidos ejecutaron en menos de una década la mayor transformación en la historia del más bello de los deportes.  Hablando de negocios, desde luego.

Horst Dassler, el más importante de nuestros tres personajes, era el primogénito y el único hijo varón de Adolf Dassler, el fundador de Adidas.  Como en toda empresa familiar de estrictos valores, Horst fue preparado desde muy joven para suceder a su padre en la conducción de la firma.  Aunque muy pronto, desde sus primeras incursiones como representante de Adidas en eventos como los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1956, el heredero mostró cualidades muy distintas a las del fundador.  Pese a que respetaba mucho a su padre, las estrategias y los métodos llevados adelante por Horst Dassler evidenciaron que su plan era notoriamente más ambicioso.  Para él no se trataba únicamente de vender la mayor cantidad posible de zapatillas con las tres tiras.  Horst comprendió ya a principios de los años 60 que el deporte como fenómeno masivo estaba sufriendo las rápidas transformaciones que lo convirtieron en el fenomenal negocio globalizado que es en la actualidad.  Y que si su empresa no se limitaba a acompañar los cambios sino que, directamente, los generaba ella misma, la competencia jamás podría oponerle fuerza alguna.

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