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Son las dos más grandes, pero no la pasaron nada bien en el comienzo del mundial Nueva Zelanda 2011.  Tanto Nike como Adidas debieron observar cómo sus prendas, o parte de ellas, se caían a pedazos en el campo de juego.

Primero fue el turno de Adidas, que desde el lanzamiento de la nueva camiseta de los All Blacks no deja de recibir el castio de los hinchas y la prensa por sus contraproducentes estrategias de comercialización.  Para empeorar las cosas, durante el debut del seleccionado local frente a Tonga, el centro Sonny Bill Williams debió arrancarse una de las mangas de su camiseta, la cual ya estaba casi completamente descosida.

Uno de los médicos de los All Blacks se acercó rápidamente con una casaca de repuesto, lo cual transformó al incidente en algo más bien gracioso cuando el jugador se sacó la prenda dañada y dejó al descubierto su musculatura.  Previsiblemente, desde las plateas le empezaron a llover piropos al número 12.  Y hasta sus propios compañeros tuvieron tiempo de gastarlo un poquito.

De todos modos, en Adidas se preocuparon por averiguar por qué la camiseta se rompió tan fácilmente.  Luego de llevársela a su laboratorio, los responsables de la marca prometieron devolverla a su dueño para poder subastarla luego a beneficio de alguna entidad de beneficiencia.

Por el lado de Nike, fue la controvertida camiseta alternativa negra de Inglaterra la que tuvo un debut para nada auspicioso.  La imagen de los frágiles números blancos casi totalente despegados en las espaldas de los jugadores provocó no sólo muchas críticas de los hinchas y de la prensa, sino también una advertencia de la International Rugby Board.

El incidente despertó la furia de los directivos de la Rugby Football Union, el órgano rector del rugby inglés, que justamente este año deberá renegociar con Nike el contrato de patrocinio vigente actualmente, por el cual la RFU percibe 4 millones de libras esterlinas anuales.

Desde Nike aclararon que el proceso de estampado de los números se realizó en Nueva Zelanda bajo supervisión de autoridades de la RFU y la IRB.  Prometieron asimismo investigar el motivo del incidente y evitar que algo similar ocurra en el próximo partido de Inglaterra.